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martes, 19 de marzo de 2013

Gobernantes "niñera"

Mimo.Paseo del Prado (Madrid-España)

 Cuando fui niño no tuve ni necesité niñera, ese servicio lo cubrieron mis padres, mis abuelos, mis maestros y la calle, que por cierto me enseñó mucho. Ahora que casi soy sexagenario y que no peino canas porque no me salen, veo que voy a tener que aguantar a unos gobernantes "niñeras" que han decidido organizarme la vida personal, particular e intima, en detrimento y abandono de lo que  son sus verdaderos deberes y obligaciones.
 Y es que andan por ahí naciendo - como setas - mandatarios “temporeros” que quieren regular lo que bebemos, expelemos, comemos, vemos, miramos y pensamos... ¡Que no¡ que para eso no os hemos puesto ahí, que lo vuestro es gestionar y administrar - lo mejor posible - los recursos que aportamos los ciudadanos, con el único fin de convertirlos en servicios comunes que hagan más fácil la convivencia y la vida en comunidad.
  Y olvidaros de todo lo demás, que os estáis arrogando facultades y derechos que os son ajenos, y que únicamente pertenecen al individuo y a su propio espacio vital de libertad. A ver si al final va a ser cierto aquello de “el más tonto alcalde”, y que conste que no solo lo digo por el de New York, sino también por algunos otros de la periferia del Imperio. 

jueves, 15 de noviembre de 2012

Trabajar en libertad

Sanlúcar de Barrameda (Cádiz-España UE)

«¡Hay que trabajar! Pero ¿en qué, cómo y para qué? El trabajo más  productivo es el más  libre;  yo he trabajado bastante en mi vida,  y nunca he trabajado  más ni con mas gusto que ahora,  que no sólo trabajo con entera libertad, sino, que  ni siquiera  me mueve el deseo de  adquirir  la  riqueza. La propiedad,  lejos de ser un estímulo,  es la expresión de la fuerza que domina hoy con no menos suavidad que la de las armas.  El arte de trabajar  no tiene nada que ver con el de enriquecerse;  el que  aprende  a trabajar  ha aprendido a ser eternamente   pobre;  para  ser rico hay  que aprender a explotar a los que trabajan;  para ser millonario hay que saber engañar a los explotadores.»

Esto lo escribía a finales del siglo XIX en su novela “Los trabajos del infatigable creador Pío Cid” (1898) Ángel Ganivet (1865-1898), escritor y diplomático español, al que dolía tanto el estado de su país, que por este motivo se suicidó en las heladas aguas del río Dvina en Riga, donde ejercía de cónsul.

De él también es esta frase: «una nación que cría hijos que huyen de ella por no transigir con la injusticia es más grande por los que se van que por los que se quedan». Ahí queda eso...