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Congreso de los Diputados (Madid-Spain) |
Decían los romanos, que “poder que no
abusa, no es poder”, y desde entonces hasta ahora esta máxima se ha llevado a
la práctica con continuada y pérfida constancia. El abuso de poder se ha dado
en todos los modelos de gobernanzas de la sociedad, fuesen estas tiranías,
oligarquías, repúblicas, monarquías o democracias.
En otras palabras, el abuso del poder, es
una situación donde la autoridad o el individuo que tiene poder sobre otros
debido a su posición social, conocimiento o riqueza utiliza ese poder para su
beneficio, y a su vez permite que otros sean explotados. ¿Les suena...?
El poder que se les obsequia a los
políticos y funcionarios públicos de un país, es otorgado con el fin de ser
utilizado para mejorarlo en todos sus aspectos. Por lo tanto, quien tenga el
poder debe identificar cual es el interés común de los ciudadanos, trabajar por
el pueblo y realizar obras y actos que ayuden a muchos y que no afecten a
nadie. Siempre se ha de buscar que el poder se utilice para el beneficio total
de la sociedad.
Lo que sí es cierto es que “el poder”
muchas veces se ejerce desequilibradamente y a favor de quienes ostentan otros
poderes en la sociedad, y cuando esto ocurre decimos que el poder se ha
corrompido. Y en esas estamos, sumidos en una corrupción que amenaza con
generalizarse, y que si nadie la para puede dar origen a un no deseado abuso de
autoridad.
Y es que la corrupción es una de las
manifestaciones más claras del abandono por parte de quienes ostentan el poder
político, de la búsqueda del bien común, para reemplazarlo por la consecución
de un desmedido beneficio propio. ¿A que también les suena...?
Dicho esto, ¿todavía alguien se pregunta
el porqué de la desafección de la sociedad al poder, o de porqué el ciudadano
no quiere al poder?. Si ya lo dijo el cordobés Lucano (s.I) nieto de Séneca: “aléjese
de los palacios el que quiera ser justo, la virtud y el poder no se hermanan
bien”.