Lo dijo el Nazareno en el sermón de
la montaña: “vosotros sois la sal de la tierra”, bueno pues antes de eso, mucho
antes, en Poza de la Sal, en la comarca burgalesa de la Bureba (Burgos-Spain)
la sal ya estaba en la tierra. Y estaba debido a que allí aflora uno de los
diapiros salinos más grande y perfectos de Europa (más de dos kilómetros de
superficie), fenómeno geológico que
provocó un importante yacimiento salino en el subsuelo, y que se formó durante
los períodos geológicos de la Era Secundaria o Mesozoica.
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El Salero de Poza de la Sal (Burgos-Spain) |
Se cree que este Salero de Poza ya fue explotado desde la edad del Hierro pues por
allí se conservan los restos de un antiguo castro conocido como El Castellar, y posteriormente por los
romanos. Y es que la sal ha tenido siempre una importancia capital en toda
cultura, ya que se utilizaba como conservante alimentario, pero, hasta la
explotación minera de los yacimientos subterráneos, su producción estaba limitada
a las salinas costeras y a los manantiales de interior, por lo que su posesión
era muy codiciada. A tal punto llegaba su importancia que se utilizaba como
forma de pago ya desde época romana, siendo este el origen del término salario.
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Plaza Mayor de Poza de la Sal |
Durante el reinado de Fernán González (s.
X), el Salero de Poza estuvo en la base de la incipiente economía castellana.
Esta importancia de la sal a lo largo de la historia, explica el interés de
reyes y nobles por ejercer su dominio sobre las salinas. De hecho, en Castilla
el dominio y la explotación de la sal fue casi siempre un derecho exclusivo de
la Corona, una regalía, aunque fueran
los mismos reyes los que concedieran frecuentemente derechos de explotación a
particulares o a entidades eclesiásticas. La Corona de Castilla siempre mantuvo
el monopolio de la venta de sal, cosa que se acentuó desde el reinado de Felipe
II (1564) y que perduró hasta la caída
de la dinastía borbónica en 1868.
La cuenca salinera de Poza de la Sal estaba
dividida en valles, zonas
independientes de producción, y granjas,
propiedades que integraban los distintos tipos de instalaciones destinadas a la
producción de sal. Pero las construcciones más llamativas asociadas al Salero
de Poza son las propias salinas o plataformas de cristalización, chozas y
chozones, pozos de almacenamiento de la muera
(agua con sal), cañas, urnios, galerías y albañales, singulares canales de
desagüe con un doble uso.
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Granjería, eras y tornos en las salinas de Poza |
Su explotación no era una labor fácil,
pues para poder llegar a los filones de sal gema se excavaban pozos (cañas), que tenían un metro de sección y
hasta cuarenta metros de profundidad, comunicándose entre sí mediante galerías
subterráneas. Por el más elevado de ellos se introducía agua dulce procedente
de los urnios, estanques situados en
la parte superior del banco salinero. La finalidad era disolver la sal,
convirtiéndola en salmuera, esto es,
agua saturada de cloruro sódico. Esta muera
se extraía de las cañas con torno o a
mano, en unos odres de piel de cabra y se depositaba en las granjerías, que eran estanques
impermeabilizados en donde la salmuera permanecía hasta junio. En verano se
distribuía sobre las eras, depósitos
o plataformas de escasa profundidad para facilitar la evaporación del agua, y
de los cuales llegó haber más de un millar. La sal precipitada y ya
cristalizada en el fondo se empujaba a las chozas
existentes en su parte inferior, donde se guardaba hasta que era transportada a
los almacenes.
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Recogiendo la sal |
La labor del salinero se completaba con
la del arriero, que era la persona encargada de comercializar la sal. Había dos
clases de arrieros, los que transportaban la sal desde el Salero a los alfolíes o
almacenes de sal, y los que trajinaban con sal o sin ella hasta los puertos del
Cantábrico y Madrid.
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Amontonando la sal precipitada |
Pero a parte de estos elementos propios
de la producción salinera, en Poza de la Sal se conservan - por desgracia - en muy
mal estado tres de sus alfolíes o Almacenes
Reales, conocidos como el Depósito, Trascastro y La Magdalena. Durante el
reinado de Carlos IV (s. XVIII) también
se edificó la Casa de Administración de las Reales Salinas, que hoy ha sido
rehabilitada y ejerce como Centro de Interpretación de las Salinas Reales de
Poza de la Sal.
La utilización de otras formas de
conservación de los alimentos y en especial la utilización del frío para ello,
hizo que la importancia de la sal entrara en decadencia, por lo que en 1974 se
cerró al ultima era que seguía
funcionando en el Salero de Poza. En el año 2001 las salinas fueron declaradas
"Bien de Interés Cultural" y se inició su recuperación como recurso turístico.
En el año 2003 se abrió un centro de interpretación sobre la sal en la antigua
Casa del Administrador de las Salinas Reales, y se recuperaron algunas eras y depósitos de salmuera para su divulgación cultural.
En la actualidad las salinas de Poza han
perdido su función milenaria, pero constituyen un testimonio único de una de
las actividades económicas más tradicionales, complejas y perdurables en el
tiempo.
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Manantiales y acueducto de las Salinas de Poza de la Sal |