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Palacio da Pena (Sintra-Portugal) |
Hace que no voy al cine
desde que sus salas de proyección dejaron de tener tres alturas: patio de butacas,
palcos o plateas, y gallinero. Es decir desde que desapareció lo de “alante del
todo”, atrás, preferencia o la fila de los mancos. Y es que para ver cine “en
pequeño” me quedo en casa sufriéndolo en la pantalla del televisor, que además
puedo hacerlo como se hacía antes en las salas de proyección de los pueblos,
comiendo un bocadillo de tortilla y tomando una cerveza San Miguel.
Por aquel entonces los
géneros de “las cintas” se dividían en: de indios, romanos, de espadas, de
espías, de amor y de miedo. Dentro de este último género también estaba
incluido el NODO, que era como los telediarios de ahora solo que en blanco y
negro, y que de verdad - a mi - me daban más miedo.
Y ahí quería llegar yo,
pues veo que raro es el fin de semana que las carteleras de los cines españoles
no estrenan una película “de miedo” o de terror, que me dicen que es como el
miedo, solo que más sádico. Osease donde la sangrecilla, los menudillos y la
violencia gratuita se hace más explicita, y que eso le encanta a nuestra
juventud.
Bueno pues no está mal,
que se vayan acostumbrando, pues vamos camino de que no tardando se desatará
en la calle “el pánico”, que es como el terror pero en su grado extremo, pues
suele estar producido por una amenaza o peligro inminente, con el agravante de que
- además - suele ser colectivo y contagioso. THE END