Llevamos veinte años padeciéndolo, vivimos dentro de un modelo
económico regido por “golfos”, que han dictado sus propias y herméticas reglas
de juego, a las cuales los ciudadanos de a pie difícilmente podemos acceder.
Los mismos que hacen las leyes por la mañana, preparar las trampas por la tarde
para incumplirlas y sortearlas. Y no lo digo solo yo, sino que lo dice Antón Costas, catedrático de economía de la
Universidad de Barcelona: “Necesitamos alumbrar un nuevo modelo político que
termine con esta economía golfa que se ha colado en nuestros países hace ya
veinte años.”
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Lección de geografía económica (G.Alcalde) |
Y es que estamos viendo, casi con cara de
pasmados, como aquello de “Hacienda somos todos” ya no es cierto, y que aquí el
que no defrauda es porque no puede o no tiene con que hacerlo. Mientras las
Agencias Tributarias y Fiscales de los países €UROpeos persiguen casi con rabia
depredadora al pequeño contribuyente, embargándole su cada vez más disminuida
cuenta bancaría, para que abone los cincuenta euros de una multa, el error
contable de su declaración de la renta, el pago por haber heredado una mierda
de casa - que ya pagaron sus padres - o el recibo de la luz o del agua. A cambio tiene que aguantar el ver, un día si
y otro también, como grandes fortunas, mandatarios políticos, artistas y hasta
grupos empresariales y bancarios escaquean sus obligaciones tributarias
llevándose su dinero a Andorra, u otros paraísos fiscales.
Y es que sabemos que los paraísos fiscales ocultan
actualmente más dinero que el Producto Interior Bruto (PIB) del Reino Unido y
Alemania juntos. Solo en 2014 la fuga de capital español a paraísos fiscales se
incrementó en un 2.000%. Por eso España es uno de los países en los que más han
aumentado las diferencias sociales desde el inicio de la crisis, casi diez
veces más que la media europea, un monstruo creado por unas políticas de ajustes
que han sido una insensatez y que no han tenido fundamentos sólidos desde el
punto de vista económico.
Dice el profesor Antón que “la extrema desigualdad
no tiene ninguna justificación, y acabará destruyendo la democracia y hasta al propio
capitalismo”. Así que no se extrañen algunos de que estén surgiendo políticas
populistas, respondiendo al fuerte sentimiento de abandono, hostigamiento y
agravio que experimentan muchas personas por parte de los gobiernos y las
élites, pues mientras se ayudaba con recursos públicos a los bancos y a los
banqueros, por otro lado se dejaba en la cuneta del desempleo y del desahucio a
los más desfavorecidos. Avisados quedáis… cacho golfos.