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Lolita por Íñigo |
Todos hemos tenido un abuelo o abuela
sabios, de los que recordamos enseñanzas y sentencias que se nos han quedado
guardadas en ese cajón sensorial que llamamos memoria.
Yo de mi abuelo paterno (al materno no le
llegué a conocer, aunque me pusieron su nombre) recuerdo muchas cosas y hasta
heredé muchas de sus aficiones, algunas buenas y otras no tanto: como mi
adicción al tabaco, a la naturaleza y la de leer la prensa todos los días, que
no sé todavía si eso puede ser bueno o malo.
Aquel hombre al que respetaba y quería,
que siempre me pareció más mayor de lo que en realidad era, fue un adelantado a
su tiempo, pues cuando en la Segunda Guerra Mundial los nazis lanzaban las V1 y
V2 sobre Inglaterra, ya predijo que con artefactos parecidos a aquellos
llegaría el hombre a la Luna, aunque él pensaba que no llegaría a verlo,
pero lo vio - mejor - lo vimos los dos juntos, pues todavía recuerdo aquella
noche de julio de 1969 que nos pasamos frente al televisor, y como se llegó a
emocionar, hasta saltársele las lagrimas.
Otra vez me dijo - pasábamos muchos ratos
juntos - que esperaba que yo no llegase nunca a conocer ninguna guerra, pero
que si ocurriese, la próxima conflagración mundial sería de Oriente contra
Occidente, y me temo que va a volver a acertar con sus predicciones.
Leía todas las tardes después de salir de
trabajar, el ya desaparecido periódico Pueblo y le encantaba la insinuante
viñeta de Lolita, que todos los días publicaba el dibujante Íñigo (Ignacio
Hernández Súñer 1924-2015), y ya entonces me dijo: hijo, cuando seas mayor, las
chicas irán en bragas por la calle... y mi abuela añadía: y que pena que tu no
lo vayas a ver... Y es cierto no lo vio, pero yo si, y me temo que voy a ver
todo lo demás que me adelantó... y es que mi abuelo y Lolita eran adivinos,
para lo bueno y para lo malo.