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Graffiti en Cáceres |
Casi todos los días salgo
a navegar por este proceloso, inmenso y virtual océano, que es la Internet de
las cosas. Por allí estiro, me tiro y me enredo en sus redes sociales. Con ellas
y entre ellas pesco de todo, grandes pecios y tesoros que creía haber perdidos,
bancos de banalidades, islas flotantes de desperdicios, barcos fantasmas
cargados de políticos y mercachifles, barracudas y tiburones con carnaza entre
los dientes, ingenuas sardinas y boquerones que se agrupan y que se creen poderosas, y hasta me cruzo con barcos de verdaderos piratas que quieren robarme mi vida on line.
Es lo que tiene esto de
la navegación virtual, que parece que no estás quieto, pero lo estás. Que crees que eres un navegante solitario, pero millones de ojos te están
observando. «Miró por sobre el mar y se dio cuenta de cuan solo se encontraba»
decía E. Hemingway en “El viejo y el mar”.