miércoles, 12 de febrero de 2020

Anochece que no es poco (carta necrológica a José Luis Cuerda 1947-2020)


 Sepa señor Cuerda que nosotros por aquí hasta hace poco también éramos mucho de ir a ver amanecer, pero como cada vez lo ponen más pronto, pues le hemos perdido afición.  Pero algunos radicales había que hasta cantaban aquello de "que en España empieza a amanecer" y hasta organizaban rosarios de la aurora, cosas estas de las sectas religiosas, que por aquí abundan, y que creíamos que habían desaparecido, pero ¡que va!.

Jose Luis Cuerda y monumento a la película "Amanece que no es poco" en Ayna (Albacete)

 En lo demás, pues nos parecemos mucho a su bendito y surrealista pueblo, en las elecciones siguen ganando los mismos y la oposición son los de siempre, hay chicas que son comunales y otras que no, los hombres ya no nacen en el bancal, dicen que por lo del cambio climático, aunque yo creo que es por la PAC, al no estar subvencionados ¿sabe usted?... 
 Algún negro más tenemos, y una cosa que ha cambiado es que el alcalde ya no es ni necesario, pero si contingente, como todos nosotros. Las fuerzas del orden nos llegan siempre desde Madrid y los curas desde la Conferencia Episcopal, pero sin libre albedrío que luego pasa lo que pasa. No plagiamos a William Faulkner, pero si somos mucho de mentar a Machado, Unamuno, Gila y a la Madre que lo Pario, aunque seguimos sin tener wifi ni médico, y el cementerio se nos ha quedado pequeño. 
 Así que hemos tomado la decisión de juntarnos para ver anochecer, lo que poéticamente se conoce como disfrutar de un ocaso, ya que por nuestro pueblo se dan unos “ocasos” que no se imagina usted, sobre todo en verano y en un sitio que llaman el Mirador de Autilla, algunos hay por allí que quieren cobrar por verlos… un sindios señor Cuerda. 

2 comentarios:

Unknown dijo...

Precioso homenaje al gran José Luis. Seguro que desde donde esté, lo estará disfrutando. Gracias,Gonzalo, por confeccionarlo.

MANUEL BRAGIMO dijo...

Algunos seguimos despidiendo al día contando nuestros pesares a la calabaza que nos escucha sin hacer oídos sordos. Los que un día tuvimos la ocasión y la suerte de hablar, un poco, con el maestro rural y necesario, le llevaremos siempre en el corazón. Gracias Gonzalo.